Así vivieron los salvadoreños en Roma la canonización de San Óscar Romero

Así vivieron los salvadoreños en Roma la canonización de San Óscar Romero

Así vivieron los salvadoreños en Roma la canonización de San Óscar Romero

En señal la gran influencia que ambos hombres tuvieron en el primer papa latinoamericano de la historia, Francsico celebró la misa de canonización usando el cíngulo manchado de sangre que Romero llevaba cuando fue asesinado a tiros en 1980 así como el báculo, cáliz y estola de Pablo VI.

Luego, llegó el turno del beato Óscar Arnulfo Romero, a quien se refirió como un párroco con pasión a la actividad pastoral.

Las explosiones de júbilo (y pólvora) despertaron hoy a los salvadoreños que dormían, mientras miles aguardaban en jubilosa vigilia la canonización de monseñor Óscar Arnulfo Romero.

En la Basílica de San Pedro colgaban desde hace días las imágenes de los siete nuevos santos de la Iglesia Católica.

Recordó que fue asesinado mientras celebraba misa el 24 de marzo de 1980.

Fórmula de la canonización.


A continuación, el sucesor de Pedro resaltó el hecho de que junto a Pablo VI y los otros santos, esté monseñor Romero, 'quien dejó la seguridad del mundo, incluso la propia, para dar la vida según el Evangelio, cerca de los pobres y de su gente'.

Juan Bautista Montini nació en 1897 y el 21 de junio de 1963 fue elegido como el 262 Papa de la Iglesia Católica adoptando el nombre de Pablo VI y comenzando un Pontificado en el que llevó a término el Concilio Vaticano II convocado por Juan XXIII y escribió la encíclica Humanae Vitae.

Romero es llamado "santo de América" desde la declaración de su martirio, en 2015.

En el frontispicio de la Catedral Metropolitana, donde se llevará a cabo una misa presidida por el padre José María Tojeira, de la jesuita Universidad Centroamérica (UCA), y una vigilia, se encuentra otro grupo de feligreses que presencia actos culturales y observa una exposición fotográfica de la vida de Romero.

A continuación, el papa proclamó en latín la subida a los altares de Romero y otros seis santos: "Después de haber reflexionado largamente e invocado la ayuda divina, y escuchando el parecer de muchos de nuestros hermanos obispos, declaramos santos a los beatos...". El día previo a su asesinato, él había dado el último de una serie de sermones exigiendo el fin de la represión del ejército - sermones que enojaron a los líderes de El Salvador.

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